Lunes en la mañana, el Tiempo despierta a las cinco y media. Ya se le hizo tarde, tiene una cita a las nueve, pero el tráfico hará lo imposible porque no lo logre. El Tiempo es detenido por un camión descompuesto, por la doble fila en una escuela, por los policías que intentan dirigir un crucero. Oye las noticias, escucha música, fuma un cigarro.
El tiempo no sabe cómo lo logró, pero llega. Y se pasa rápido. Sin notarlo, ya son las dos de la tarde, tiene una hora para comer pero necesita al menos media hora para terminar un proyecto. Los clientes vienen a las cuatro de la tarde. El Tiempo logra comprar una quesadilla, y con eso espera mantenerse hasta las seis de la tarde. Pero ya terminó de nuevo. El Tiempo no logró sacar los pendientes y anochece frente a su computadora. Quiere escribir algo que no sean cuentas y escritos. Tiene poesía, pensamientos, ideas... pero ya es tarde, es hora de dormir porque mañana hay que madrugar y cinco horas son apenas suficientes para reponerse del día.
Martes en la mañana, el Tiempo despierta a las cinco y media. Ya se le hizo tarde, pero se toma uns minutos para establecer comunicación con alguna persona del otro lado de otra computadora, sufriendo por las prisas de la Ciudad.